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4. No Hablamos Ruso (My Nie Gawarit Pa Ruski)

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De Minsk a Moscú, fuimos en tren. Sorprendentemente, este medio de transporte resultó ser más caro de lo esperado en comparación con la vez anterior, pero si lo piensas bien tiene sentido, pues en éste se podía dormir cómodamente.

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El coste total del viaje entre estos dos “países” fue de unos 500.000 rublos bielorrusos por persona (unos 33$) y el tiempo de viaje fueron unas 10 horas. Usamos comillas al utilizar la palabra “países” porque Bielorrusia y Rusia son básicamente el mismo país pero con diferente nombre. ¿Por qué?

* Bueno, lo primero fue el formulario de aduana que tuvimos que rellenar en la frontera de Bielorrusia y que es válida sólo para estos dos países.

* Lo segundo es que las fronteras entre estos dos países son prácticamente invisibles y al cruzarlas, realmente no sabes si ya cambiaste de país o no.

* Lo tercero y más obvio es el hecho de que sólo un 5% de los bielorrusos habla la lengua bielorrusa, y el 95% restante habla ruso. La pareja de Minsk en cuya casa nos alojamos, fueron el mejor ejemplo de esta unión entre ambos países. Los dos eran jóvenes que nacieron y crecieron en Bielorrusia y que sin embargo, hablaban ruso entre ellos.

Estando en Rusia escuché la historia de una chica bielorrusa que se sorprendió mucho cuando recibió su diploma en la universidad y vio que su información personal estaba escrita en su lengua “natal” y que ella casi no era capaz de leerlo y entenderlo. No sé si esta historia es real o no, pero estamos convencidos de que perfectamente podría serlo. Nuestro anfitrión ruso, que es profesor de historia, nos contó que la lengua bielorrusa fue creada “artificialmente” para cumplir con los estándares de los antiguos estados soviéticos, es decir, tener su propia lengua. Esta lengua inventada en realidad es hablada por una minoría.

Yo fui testigo del ultimo ejemplo que os voy a dar de porqué esta lengua está a punto de extinguirse. Mientras estuvimos en Minsk, estuvimos con un turista finlandés cuyo conocimiento del ruso y del bielorruso era como el nuestro, mínimo. Y sin embargo, en un momento dado, él empezó a corregir a una chica con la que estaba hablando y que estaba usando su lengua “natal”.

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Pero hablando de los estándares en los trenes, esta gente es buena.  Nosotros íbamos en una zona del tren llamada “plackart”, que es el compartimento que no va delimitado por puertas y sin asiento/litera asignado. Después de una pequeña conmoción en la estación de tren, nos acomodamos en nuestras literas, que se podían convertir rápidamente en pequeñas mesas.

Teniendo en cuenta que no soy precisamente un tío bajito (1,88cm) y que no podía estirar las piernas del todo, sé que ésta es una de las maneras más cómodas de viajar….simplemente decidí dejarme llevar y sinceramente puedo decir que conseguí descansar de verdad!

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En el tren pudimos hacer algunos amigos rusos y como ya es habitual, había suficiente alcohol y cigarrillos para compartir entre todos. Los señores que aparecen en la foto de debajo no hablaban nada de inglés y nuestro ruso está lejos de ser perfecto, así que tuvimos que usar el lenguaje corporal. Al final parece que contar hasta 10 en ruso, un par de charlas cortas y tres “cheers” no fue suficiente para mantener la conversación a flote. Aunque debéis saber que siempre arrancamos una sonrisa a los rusos cuando les contamos la historia de estos dos polacos sin pelo en la cabeza, con sus sombreros australianos y que van brindando todo el rato por “cztoby huj stajal i dengi byli”, que viene a ser más o menos como brindar porque nuestras pollas siempre estén duras y grandes.

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Por unos 25 rublos rusos (unos 0,70$) puedes tomarte un café bastante bueno. Los baños están limpios y siempre hay papel y agua corriente. Lo interesante son las tazas de los wc, que tienen unos bultitos y la razón es…que cuando uses el wc y estés subido a la taza del wáter (sí, lo habéis leído bien), si de repente el tren pega un frenazo, las protuberancias estas te ayudan a no caer y a que no pierdas la adherencia.

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En general la experiencia en el “plackart” fue bastante agradable. El precio incluía sábanas limpias, una manta y lugar para dormir. También hay una habitación para fumar que está tan llena de humo que casi se puede cortar el aire y los ojos te queman muchísimo después de un par de minutos. Lo interesante de este asunto es que no puedes abrir la ventana que hay en ese cuarto. ¿Por qué? Uno de los señores rusos que mencionamos antes intentó explicárnoslo pero desgraciadamente, no entendimos absolutamente nada. Esto seguirá siendo un misterio durante el resto del viaje.

Aunque aún “nie gawarit pa ruski”, ya nos gusta este sitio. Ya veremos si el resto del viaje sigue siendo tan agradable como éste en tren 🙂

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